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Yolanda Navarro, 40 Años de Pasión por el Canto

En una extensa charla, la gran artista oriunda de Santa Rosa repasa todos los aspectos de su carrera como intérprete. De perfil muy bajo, aceptó ser entrevistada para Decires de la Cuyanía y habló de todo. “La Yoli” acaba de cumplir cuatro décadas de trabajo a pura dedicación.

- ¿Cómo fueron tus comienzos en la música, cómo surge? ¿Cómo se vivía el folklore en tu casa cuando eras chica?

- En mi casa se vivió de siempre el folklore. Siendo niña allá en Las Catitas, recuerdo que llegaban a mi casa Hilario Cuadros y los Trovadores de Cuyo, Roberto Quiroga de Cantares de la Cañadita… Y escuchar a mis padres cantar desde siempre. Hemos vivido el folklore de nuestra región muy de cerca y de una manera muy especial, de lo que no todos tienen esa suerte.

Mis comienzos en la música fueron desde siempre… pero atinaba a cantar y tocar la guitarra desde los 14 años. Cada vez que había una reunión familiar lo hacíamos, todo el tiempo escuchábamos tocar la guitarra al Chamo Díaz, a Don Jorge Cortéz. Con ellos, en la casa de Don R. Quiroga, mi papá me dijo como siempre “vení petisa a cantar”, y como yo tenía unos cuatro temas preparados con ellos, cantamos nomás. Ese sería mi debut en público.

¿Cuándo fue y Cómo recordás ese momento?

Fue a comienzos de los 70. Yo tenía 14 años, así que imaginate… me sentí una artista! En realidad yo no busco “ser una artista” sólo quiero cantar y disfrutar. Y ese día lo disfruté mucho, no imaginé nada a futuro, no buscaba nada más.

Igual lo hacés muy profesionalmente cada vez que das un show o preparás un disco.

Con el tiempo uno va afilando la cuchilla. Me decidí por la música, después de haber soñado tanto, porque soñaba con los escenarios, porque veía a mis hermanos Los Navarro arriba de los escenarios, y yo quería hacer lo mismo. En ese momento soñaba…

Y se hizo realidad.

Puede ser. Llegó un momento que me pregunté “¿por qué no dedicarme a esto?” y se fueron dando las cosas para que fuera así. Cada vez hacía las cosas más profesionalmente y eso implicaba una reflexión profunda, porque yo tenía hijos chicos y había que andar la noche trabajando. Muchas veces lo pensé. Por eso una vez que me definí por esto que amo y me apasiona, es que lo hago con tanto respeto hacia la gente.

Contame un poco de tu familia.

Por parte de mi papá y de mi mamá fueron muchísimos los grandes folkloristas, aunque se destacaron más que nada los hermanos de mi papá. Ellos dejaron huellas que nosotros heredamos, como la afinación y las armonías. Hay gente que estudia para cantar profesionalmente, ellos nacieron cantando. Y mi padre y mi madre también eran cantores, mi padre tenía una afinación perfecta y tocaba muy bien la guitarra. Mi madre es muy expresiva para cantar, de ella aprendí mucho. Hermanos vivos somos 5. Armando, Olga, Fabiano (mellizo de Yolanda) y Susana. Fabiano, Armando y yo nos dedicamos a la música profesional mundana, en cambio, mis hermanas cantan en coros de iglesias y viajan por todo el mundo cantando a Dios.

¿Podrías sintetizar en una frase qué te dejó cada uno de ellos?

Con Armando aprendí mucho, con él empecé a cantar. Me enseñó técnicas de canto, de respiración, afinación. Es muy buen cantor, tiene mucho profesionalismo.

De mi hermano Fabiano, siento míos los temas que él hace. Los hago muy míos. Será una cuestión de naturaleza, pero me siento muy identificada con cualquier cosa suya, como si lo supiera desde siempre. Me puedo expresar con sus escritos.

Mis hermanas son dos mujeres hermosas, profesionales, cantan muy bien. Susana, la más chica, es contralto y la otra es soprano bajo. De ellas también aprendo mucho. Y ellas dicen que aprehenden de mí. Eso es la familia, poder aprehender de cada uno.

¿Qué considerás vos que les has trasmitido a tu familia?

Dicen que tengo mucha garra y que soy luchadora, y no solamente en la vida cotidiana, sino en el canto, en la música.

Y a mis hijos les agradezco que me hayan aguantado irme noche enteras. Por eso te decía antes que elegir esta carrera es algo que lo reflexionás todo el tiempo. Ellos son mis principales seguidores. Tengo la suerte de tener un hijo músico que me acompaña desde siempre (Franco Cabrera Navarro), y mis hijas son bailarinas de folklore. Ellos también toman con mucho respeto lo que hacen, por eso creo haberles transmitido algo. Son responsables en todo sentido.

Volviendo a tus hermanos, hay personas del ámbito que piensan que tu mellizo Fabiano junto a Jorge Viñas son los dos grandes cantautores compositores del folklore contemporáneo en Cuyo. Quizás los más grandes exponentes en las últimas décadas. Intentando tener un poco de objetividad (risas), ¿creés que es un alago merecido?

(Risas) Yo creo que sí. Dejo por un lado mi posición de hermana y pienso en el autor, en el compositor, en el intérprete… Y es un referente en Cuyo, junto con Jorge Viñas y Anselmo de Mendoza. Ya cuando éramos chiquitos, Hilario Cuadros le dijo a mi mamá “éste va a ser un Hilarito”. Y Don Félix Dardo Palorma, cuando solía venir a la casa de mis viejos dijo “éste es el que me va a seguir a mí”. Es realmente un referente, no sólo aquí, sino en el país, porque lo conocen en varios lugares.

Hace unos meses estuvimos en el Teatro Plaza para ver tu espectáculo por los 40 años con la música. En esas cuatro décadas, ¿qué escenarios recordás más, qué artistas te emocionaron, qué anécdotas se te vienen a la cabeza?

Lo primero es la Vendimia Central del año 2000. Estar ahí ante ese abanico de gente es impresionante. Verme con mi hijo Franco haciendo cueca, tonada… nunca lo imaginé, me puse a llorar, por supuesto.

Otro escenario que me emocionó porque quería llegar fue Cosquín. Y por suerte llegué dos veces, en el año 2007 y en el 2010.

Puedo nombrar también el de Rivadavia Canta al País, pero el más importante es el de la Cueca y el Damasco, que es mi pueblo. Estar ahí es como decir “acá estoy de vuelta, nunca me fui”.

Son tantas las vivencias y los recuerdos, que a veces uno no se acuerda de todo permanentemente. Hace poco encontré una carpeta y no podía creer cuántas cosas habían pasado en estos 40 años. Cuántos eventos, cuántos discos… Agradezco a Dios haber podido cantar y vivido todo esto.

¿Y artistas grandes con los que hayas compartido escenarios?

Víctor Heredia, Don Alberto Merlo, conocerlo a él fue muy emocionante porque a mi papá le gustaba mucho. Fue en Mar del Plata, le gustó lo que hacíamos y nos llevó a un programa de radio y televisión. Me pareció un gran ser humano, grande en todo sentido.

También Argentino Luna, nuestro amigo que ya no está.

Y los mendocinos… todos! Con todos me da gusto compartir un escenario. Soy amiga de todos. Ahora se me vienen a la memoria, sólo por nombrarte algunos, al Dúo Nuevo Cuyo, Lisandro Bertín, Seba Garay, Estela Torino, Raulito Reinoso. Creo que he tocado con todos los guitarreros de Mendoza (risas).

¿Y Juanita Vera?

Una amiga. Ya llevamos 15 años cantando juntas. Llegar a cantar con ella fue muy emocionante. Tuve durante muchos años el proyecto de trabajar con ella, me parecía inalcanzable, hasta que se dio.

¿Creés que ser amiga de todos es un privilegio que sólo tiene la música folklórica?

Yo creo que sí, porque creo que hay otra entrega en el folklore. No es ni mejor ni peor, sólo que es muy particular. Podemos de pronto mirarnos a la cara y brindarnos. Gracias a Dios que existe la tonada y el cogollo. Tenemos esa posibilidad de dedicarle a un amigo y que igual se te venga todo el público a pagarte. Esa es la posibilidad que nos da la música de nuestra región.

A la hora de ensayar o de subirte a un escenario, ¿cuáles son los primeros artistas que se te vienen a la cabeza y al corazón?

Personas que admiro mucho son Nacha Roldán, Julia Zenco, Mavi Díaz (la hija de Hugo Díaz), se me vienen muchas personas que yo nunca estaré al nivel de ellos.

Pero cuando cantás sos sólo vos, la canción y esa cosa que le quiere hacer llegar uno a la gente, la interpretación.

Si tuvieras que decirme cuáles son para vos los tres principales referentes del folklore cuyano,¿ a quién nombrás primero?

Don Félix Dardo Palorma, mi hermano Fabiano Navarro, el Chivo Montenegro de San Luis… es que son tantos!

Por eso la pregunta difícil, para complicarte (risas)

(Risas) Veo… pero a mi criterio son ellos tres.

- ¿Y del folklore nacional?

- Mmm… después te contesto. Es que yo no conozco mucho mi país. Conozco mi provincia, poquito a poquito la voy conociendo cada vez más y cantando. Pero también son tantos los valorables que valen la pena.

- ¿Qué referentes latinoamericanos sentís que te llegan a lo más profundo cuando los escuchás?

- El brasilero Eva Ion. Me encanta abrirme a toda la música, soy intérprete y el intérprete debe saber cantar todo, no sólo la música tradicional de su lugar.

- Volviendo a Cuyo, ¿creés que nuestro folklore está valorado nacional y provincialmente? Porque en los medios y en los festivales o vendimias que se comercializan uno siente que lo nuestro se puede perder, o se escucha más en radios de otras provincias que acá. ¿Pensás que no estamos dando el reconocimiento merecido a la música nuestra?

- Hace muchos años que venimos luchando contra eso. Si los Carabajal no dejan de cantar chacareras, ¿por qué vamos a dejar de cantar tonadas, cuecas? Es cierto, siempre tenemos que luchar para hacer nuestra música tradicional. ¿Quiénes hacen los festivales? En la última edición del Festival de la Tonada, los únicos que cantaron tonadas fueron los Navarro. Con suerte, por ahí de pronto apareció una tonada y nada más. Pero para luchar hay que pensar positivamente, ir a cantar tonadas con alegría y no con pesadez, sin dejar de abrirte a la otra música.

- Para terminar, ¿una canción preferida?

- Una zamba que me escribió mi hermano Fabiano que se llama La Heroína. En realidad todas son preferidas para mí, porque todas las músicas son lindas, sólo que yo busco aquel repertorio que me llena más, que me representa.

Uno tiene que estar abierto a todas las opiniones,

A todo lo que viene de la música universal.

Yo no me opongo a ningún estilo.

Tanto el nuevo cancionero como el

Viejo cancionero, la música es una sola.

La música nos une, une corazones, une espíritus, une al amor.

Por la música nos unimos, por la música lloramos, reímos…

  Nota publicada en la edición de Mayo de 2013
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