Cestería Huarpe

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La cestería de Guanacache*

La cestería de Guanacache es la única artesanía de origen precolonial que se conserva actualmente. Estos cestos merecen ser valorados por el modo de producción que los caracteriza y porque tienen un papel muy importante en la construcción de la identidad local.

Se desconoce la fecha exacta en que apareció la cestería en Mendoza, pero se cree que podría ser anterior a la de la cerámica, que ocurre entre los siglos I y IV d.C.

Se sabe que los huarpes de las lagunas de Guanacache utilizaban los cestos para transportar agua o alimentos, ya que eran menos frágiles que la cerámica. Los testimonios escritos más antiguos sobre la cestería nos llegan a través de los relatos de los cronistas. Rusconi, al igual que Juan Draghi Lucero, citan a Alonso de Ovalle en su escrito “Histórica relación del Reino de Chile y de las misiones y ministerios que ejerció en él la Compañía de Jesús.” de 1646, que dice: “Tanto se aventajan los huarpes en algunas cosas de manos…como es hacer cestas y canastillos de varios modos y figuras, todo de paja, pero tejido tan fuerte y apretado, que aunque se las llenan de agua no se sale…y son de estima”.         

Rusconi explica que ya para la década del 30 la cestería había disminuido extraordinariamente y que eran aproximadamente diez las mujeres que realizaban esta artesanía. Una de las razones fue la falta de agua en las lagunas, por lo que hombres y mujeres vieron la necesidad de emigrar.

Desde el año 1974 el gobierno de Mendoza rescató distintas artesanías tradicionales folclóricas que se realizaban en la provincia, entre ellas la cestería. Para esto fue primordial la participación de Francisca Godoy de Molina, la última cestera huarpe, que en 1982 contaba con 75 años. Ella fue la encargada de transmitir los conocimientos recibidos a los jóvenes para conformar una nueva generación de artesanos con el fin de que el legado de sus mayores perdurara.

Los cestos huarpes o los realizados actualmente con la misma técnica, son elaborados con las hojas del junquillo que crece en los médanos. Algunos de estos cestos llevan en su exterior aplicaciones de motas de lana de colores. Estas lanas antiguamente eran teñidas con elementos naturales como semillas, raíces, óxidos e insectos; en la actualidad se utilizan generalmente anilinas. Comúnmente los cestos son de forma globular. Muchos de estos suelen ir acompañados de una tapa; a veces se les añaden otros cestos más pequeños llamados “hijitos” que siempre son colocados simétricamente.

Estos cestos son elaborados totalmente a mano, sin la ayuda de ninguna herramienta industrial. No hay división del trabajo ya que todo el proceso es realizado por una sola persona que conoce todos los pasos de la elaboración. El modo de enseñanza era empírico y de transmisión oral. La misma Francisca Godoy cuenta que su madre le enseñó artesanías cuando tenía doce años y que al principio los cestos no los hacía tan bien y que cuando tuvo más años comenzaron a mejorar las cosas.

En lo que se refiere al valor simbólico, resulta muy difícil determinar cuál era, ya que no se han encontrado, por ejemplo, restos de cestos en los enterratorios. Los relatos de los cronistas no hacen referencia a este aspecto; sólo mencionan lo formal y lo técnico. Draghi Lucero afirma que los canastos que tienen “hijitos” simbolizan la fertilidad, los hijos de la pachamama.

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Cestera de Guanacache armando el asa del canasto. Cuadro de Fidel Roig Matons.

A través de la fabricación de cestos podemos ver un importante acto de resistencia cultural, que ha logrado mantener por muchos años una expresión auténtica de esta comunidad precolonial.

Dennis Moreno destaca el hecho de que lo artesanal es el modo de producción que antecede a la era industrial y que se caracteriza por la elaboración manual. Desde esta perspectiva los cestos huarpes adquieren un gran valor al analizar las condiciones de producción en las que fueron elaborados: hay que destacar el aprovechamiento de los recursos naturales que el medio les provee a los artesanos; el conocimiento de las propiedades del material, en este caso el junquillo, cómo conseguir un mayor rendimiento del mismo; las posibilidades que la técnica empleada les ofrece para crear formas que se adapten a las necesidades de la comunidad. Esto nos permite revalorizar el ingenio, las habilidades, destrezas y conocimientos de los artesanos que los producen.

También es importante destacar el papel que juegan estos cestos en lo que se refiere a la identidad local. Elaborados con esta planta característica de la zona de las lagunas, con su particular manera de tejer las fibras vegetales, sus formas, etc., son únicos en el mundo; es algo que se da solamente en este lugar y que por lo tanto nos identifica. Es necesario que valoremos nuestras producciones sin tener que realizar comparaciones con los conceptos de arte y artesanía que se imponen desde las culturas dominantes de occidente y que podamos establecer valoraciones propias de nuestra comunidad.

*Nota originalmente publicada en la Revista MATAQUE de la Asociación La Cara Sur, Año I - N° 1, Diciembre de 2008.

Fuentes: -ARTÍCULOS cedidos por el Mercado Artesanal Mendocino, publicados en diferentes diarios de la provincia.
-MORENO. Dennis. Forma y tradición en la artesanía popular cubana. La Habana, Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Cultura Cubana, Juan Marinello. Editorial José Martí, 1998. Capítulo primero.
-ROIG, Fidel A. y colaboradores. Guanacache. Fidel Roig Matóns, pintor del desierto. Mendoza, EDIUNC, 1999.
-RUSCONI, Carlos. Poblaciones pre y post hispánicas de Mendoza. Volumen I: Etnografía. Mendoza, 1962.

  Nota publicada en la edición de Abril de 2014
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