Poema al Cuyum

Cuyum
clima del júbilo,
almíbar necesaria.
Tu corazón,
nosotros,
habita el verde y canta
desde un ancestro añoso
acústico, nativo,
al país,
donde estalla la tonada del agua.

Canta,
silba en el riego la historia lagunera
dormida en Guanacache:
mi fabuloso abuelo,
barrido por el viento.
Aquél que fue cayendo
desde su carne al polvo.
Barba de barro seco,
gobernante del aire.

Mi abuelo lagunero
le sucedió a la tierra.
Su relámpago tuvo
la dimensión del Zonda.
Caviloso venía
malón crudo del hambre.
Se incorporó mordiendo
su soledad es cierta
y la hace cavidad
la que le golpeaó el silencio
con un niño callado.
Tibio tañido adentro.
Donde el origen tiene su badajo guardado.

Astilla de sus horas
le salpican los ojos,
cuando el verano llega del sol,
cuando los árboles gozan su crecimiento,
son brindes del brote
y añosamente extienden su brújula de pájaros.

Entonces,
zumo a fuego
abuelo legendario
la preñez jubilosa de la uva te llama
para que con el denso alarido del vino,
retumbes, nos retumbes,
y tu fragor le colme el sexo a las guitarras.

En el oeste duerme la fundación del riego,
Tunuyán primitivo, Guaymallén de los cauces:
lejanos pescadores de un párpado de peces,
ingenieros desnudos,
fundadores a mano.
Mi abuelo el lagunero,
le aconteció a la tierra
y su enorme silencio viene por los canales,
despertando el murmullo de la noche en el agua.

por Armando Tejada Gómez Nota publicada en la edición de Mayo de 2013
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