La Carreta

Ambrosio Peña no siente dónde tiene sus asentaderas, o su cabeza o sus pies. Su cuerpo se ha transformado en un bloque inarticulado, entumecido…los barquinazos le recuerdan su existencia. Sabe el rumbo que persigue, de día calcinado por el sol pues el toldo de la carreta no lo protege de su calentura; de noche, aferrado a los tientos de la picana, los cuchillos del frío le agrietan hasta el alma.

No todas las travesías son iguales. Este riesgo de enfrentar un viaje sólo, sin más compañía que la del aparcero Dionisio Fuentes, lo está volviendo loco. Echa de menos la cadencia de los otros: el continuo trajinar de los caballos entre las carretas, las conversaciones a los gritos con los jinetes para emparejar el ruiderío de la caravana y en los momentos de solaz, la taba, las mateadas, las payadas con sus ocasionales compañeros de tropilla.

La última posta donde se acomodaron en un jergón de paja y pudieron pegar el ojo, los abandonó, allá por San Miguel del Monte, hace tres días. Este camino parece interminable, el tiempo que no pasa y a ellos ¡que los corre el diablo! La carreta debe llegar a destino[...]

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Poema al Cuyum

Cuyum
clima del júbilo,
almíbar necesaria.
Tu corazón,
nosotros,
habita el verde y canta
desde un ancestro añoso
acústico, nativo,
al país,
donde estalla la tonada del agua.

Canta,
silba en el riego la historia lagunera
dormida en Guanacache:
mi fabuloso abuelo,
barrido por el viento.
Aquél que fue cayendo
desde su carne al polvo.
Barba de barro seco,
gobernante del aire.

Mi abuelo lagunero
le sucedió a la tierra.
Su relámpago tuvo
la dimensión del Zonda.
Caviloso venía
malón crudo del hambre.
Se incorporó mordiendo
su soledad es cierta
y la hace cavidad
la que le golpeaó el silencio
con un niño callado.
Tibio tañido adentro.
Donde el origen tiene su badajo guardado.

Astilla de sus horas
le salpican los ojos,
cuando el verano llega del sol,
cuando los árboles gozan su crecimiento,
son brindes del brote
y añosamente extienden su brújula de pájaros.

Entonces,
zumo a fuego
abuelo legendario
la preñez jubilosa de la uva te llama
para que con el denso alarido del vino,
retumbes, nos retumbes,
y tu fragor le colme el sexo a las guitarras.

En el oeste duerme la fundación del riego,
Tunuyán primitivo[...]

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Serenata a los sueños

Hay que soñar la vida
para que sea cierta
soñarla a pleno día
y a cara descubierta.

Que todo sea claro
que el amor se te vea
que digan persignándose
ahí va el que sueña.

No temas a la burla
ni te asusten los grises cancerberos del miedo.
Tú imagina el futuro,
piénsate allen del viento.

Si vienen a buscarte
sé transparente
y diles que tu oficio
es el del sueño.

Los duros que son duros
se morirán de risa
ignoran que el que sueña
cosechará algún día.

Esta tierra fue un páramo
Cuyum país de arena…

Esta tierra fue un páramo.
Cuyum, país de arena.
Sólo los que soñaron
fueron capaces de ella.

Sólo los que soñaron
fueron capaces de ella.

Si te siguen los pájaros
y afinas tu tonada
por altas alamedas…

Si te siguen los pájaros
y afinas tu tonada
por altas alamedas
sueña que te soñaron
y luego, canta y sueña.

Sueña que te soñaron
y luego, canta y sueña.

Mi canción es ahora
el sueño que fue entonces
la calle larga,
el salto del canal Guaymallén.

El viejo vino amigo
que ha olvidado el olvido
y sueña que yo[...]

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Submundo

El rostro de humo en la ciudad
desorbita desolación
lleva un rictus de tragedia.

El muro de silencio oligárgico
profundiza grietas en cada esquina
por un mendrugo impune.

Ese submundo de sobrevivientes
con heridas que los acechan
son muertos en vida
por el decretado disparo del corrupto.

Los obreros, los maestros,
los jubilados, los sin rostro;
arrastran cadenas
que hienden sus carnes
si intentan gritar justicia.

Niños, que tienen que reír
flores traviesas en las manos,
hoy, una anémica tristeza
carga sus mochilas
con la espina del hambre.

por Xenia Mora Rucabado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) Nota publicada en la edición de Agosto de 2014

Descalza

Camino descalza
los senderos de mi historia
mientras mis manos se sumergen
en manantiales de esperanza.

Descalza
tras el velo sutil de rostros de apariencias
en libre vuelo voy, con la piel desnuda,
buscando el horizonte por donde sale el sol.

Descalza
cuando nos maquillan la dignidad
por el deber inobjetable, la mía,
posee raíces siempre eternas.

Descalza
sobre los vidrios rotos de la nostalgia
que esgrime la adversidad
de mi auto exilio.

Caminando descalza,
en un tiempo, no sé cuándo,
cruzaré el puente
con mi ilusión a cuestas.

por Xenia Mora Rucabado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) Nota publicada en la edición de Agosto de 2014
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