Carta de Teresa Parodi

Hay que refundar Cosquín

Hay que refundar Cosquín me dijo mi amigo Ari Hassan, el talentoso productor del programa “Encuentro en el Estudio”. Y es verdad. Tenemos dos caminos y hace mucho que los tenemos: refundarlo o crear el espacio que necesita nuestra música para ser escuchada y respetada. Entendiéndose por ello dejar que suene con sus profundidades más claras, realimentarse en las búsquedas genuinas de las nuevas formas, atesorar las voces y las obras de los maestros en los que seguimos eligiendo mirarnos; en suma, hacer más ancha y luminosa su huella. Enriquecerla y proyectarla reconociéndonos en los espejos de Yupanqui, Leguizamón, Castilla, Falú, Dávalos, Ariel Ramírez, Félix Luna, Romero Maciel, A. Mansilla, Chacho Müller, Leda Valladares, Suma Paz, Rolando Valladares, Andrés Chazarreta, Ernesto Montiel, Félix Dardo Palorma, Mercedes Sosa -voz madre de todos los tiempos-, Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana, Los Ábalos, Gómez Carrillo, Chango Farías Gómez, Hilda Herrera, etc., etc., etc., y por suerte puedo seguir nombrando con orgullo y emoción a tantos más.

Una línea, miles de líneas, un pensar la música, miles de caminos desde allí. Voces nuevas, enalteciéndola, dándole el vuelo que tuvo y tiene y que no es el que se ve ni por asomo en esas noches festivaleras que padecemos, salvo las maravillosas excepciones que existen a Dios gracias y nos devuelven las ganas de seguir a pesar de todo. Amigos, ¿no será que Cosquín, que es de los coscoínos, quiero decir que ellos ponen o sacan las reglas con que se lo programa, digo, no será que Cosquín refleja lo que hemos dejado que nos pase con la cultura?

Triunfó, nos guste o no, nos cueste o no aceptarlo, la cultura de la banalidad, de lo efímero, de la inmediatez de lo superfluo, de lo efectista, de la taquilla reinando y decidiendo por encima del arte, sobre lo profundo y lo austero, sobre lo bello sin estruendo ni palmas, ni gritos de amor de bajo vuelo. Pero eso es lo que vende, lo que hicieron que venda, lo que dicen que gusta, lo que dicen que convoca al público y agota entradas. Y así es, en gran medida, mal que nos pese. Bueno, ¿entonces no será que esto trasciende Cosquín? Creo que sí. La batalla por la cultura la estamos dando denodadamente en todos los espacios y no terminamos de comprender que en verdad es la batalla que más importa porque es finalmente la que dice de nosotros como ninguna otra cosa puede decir.

Estoy preocupada y triste por el destino de nuestra música pero estoy esperanzada al mismo tiempo porque tenemos con qué hacerle frente al ninguneo. Tenemos valiosos y honestos artistas de lo heredado, nombres imprescindibles que no podemos disfrutar en la grilla de casi ningún festival. Tenemos voces señeras, obras irrefutables, nombres prestigiosos y nuevas generaciones que ya abrevan en esas fuentes imprescindibles a la hora de pensarnos país. Debatamos sobre esto. Salgamos a decir lo que pasa pero también propongamos el cambio en tiempo, forma y espacio.

Se lo merece nuestro pasado, nuestro hoy, nuestro futuro. Se lo merecen artistas de la talla de Liliana Herrero, Juan Falú, Raúl Carnota, Carlos Aguirre, Jorge Fandermole, Marian Farías Gómez, Aca Seca, Juan Quintero y Luna Monti, María de los Ángeles Ledesma y Cosecha de agosto, la Bruja Salguero, Laura Albarracín, Topo Encinar, Coqui Ortiz, Lilian Saba, Nora Sarmoria, etc., etc., etc. Son tantos y tantos que me cuesta nombrar a algunos solamente y los que nombro son a modo de ejemplo. Pido perdón por los que no menciono, la lista sería muy larga porque, por suerte, son muchos los verdaderos artistas que cultivan con talento y altura nuestra música. Digo, siento, pienso, reflexiono con ustedes. Y me atrevo a proponer: juntémonos compañeros, colegas, productores, amigos, amigas, manos a la obra. Intentemos sinceramente pensar modos, alternativas para este alto desafío de hacerle justicia a nuestra música más genuina, a los grandes artistas y a los jóvenes que vienen aportándole con honestidad y talento nuevos aires y no tienen ni el tiempo ni el lugar que les corresponde en los escenarios. No esperemos un año más para renovar nuestro descontento.

Teresa Parodi

02 de Febrero de 2014

  Nota publicada en la edición de Febrero de 2014
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