Carta de Ica Novo

Renuncio a mi premio consagración de Cosquín

Con mis ojos húmedos de emoción, con profunda tristeza, pero con fe y con la esperanza de aportar al imprescindible regreso del Festival de Cosquín a la raíz del canto, con la convicción de estar haciendo lo que manda mi conciencia, me dirijo a todos los que amamos el encuentro del corazón que se da en Cosquín los días del festival, para comunicar mi decisión, largamente meditada, de renunciar al premio Consagración que me fue oportunamente otorgado, y que en su momento consideré un gran honor, porque todavía era símbolo de reconocimiento a una obra y a una trayectoria sin dobleces. 

Siempre significó mucho Cosquín para mí. En Cosquín vivió mi padre, vivieron los Novo antes de mi nacimiento, buscando el microclima necesario para la salud de mi abuela Juana González del Pino. A Cosquín fui de niño desde Deán Funes en la parte trasera de una camioneta, a la intemperie, a vivir el legendario festival con familia y amigos, y los que éramos niños pasamos esa noche de mágicas aventuras durmiendo en una vereda tapados con ponchos, como muchos lo han hecho y hacen movidos por el amor a nuestras artes criollas. En el escenario mayor, fui desde la participación fugaz de madrugada, hasta la presentación extendida en horario central, desde el anonimato hasta el amor y el respeto del gran público, desde el desconocimiento general de mi obra hasta erigirse mi chacarera “Del Norte Cordobés” en uno de los himnos del festival... Siempre dejé en Cosquín lo cobrado por mis actuaciones, haciendo peñas con entrada gratuita o de un valor simbólico, y pagando alojamiento y comida de mis compañeros músicos durante toda la semana del Festival...

En Cosquín compuse muchas de mis canciones más entrañables para mí: "Gato de Cosquín", "Verdes Infinitos", "La Repiqueteada", "Encuentro en Cosquín", "La Peña Nuestra"... Cuento todo esto para que quede claro que mis críticas al festival, como las de muchos artistas, comunicadores y amantes de este encuentro único y maravilloso, siempre fueron y son hechas desde el amor y el deseo de servir al perfeccionamiento de este festival que es de todos los argentinos.

Renuncio al premio Consagración porque prefiero andar liviano por las calles de mi Cosquín amado, por el río, por las peñas, como uno más de los que compartimos ese encuentro del corazón, antes que seguir ostentando un privilegio negado a grandes maestros, grandes artistas de sólida trayectoria, y nuevos grandes creadores. Y otorgado muchas veces en los últimos años de forma injusta, arbitraria o interesada. No quiero un premio Consagración si no lo tienen también el Bicho Díaz, Juan Quintero y Luna Monti, Lilian Saba, Carlos "Negro" Aguirre, Walter Soria, Jorge Giuliano, Rafael Amor, Jorge Marziali, Juan Falú, Liliana Herrero, Yuca Córdoba, Verónica Condomí, Shalo Leguizamón, Duende Garnica, Daniel Cañueto, Laura Ros, Néstor Acuña, Pocho Sosa, Mónica Abraham, Laura Albarracín, Coqui Sosa, Claudia Romero, José Luis Serrano, Koki y Pajarín Saavedra, El Cuervo, Pica Juárez, María Eugenia Díaz, Ramiro González, Gustavo Vergara, José Luis Aguirre, Topo Encinar, etcétera. No alcanzarían varias páginas para nombrar a tantos olvidados, por no hablar de los grandes maestros de varias generaciones, como Alberto Sará, Raúl Mercado, Ángel "Cacho" Ritro, Agustín Gómez, Miguel Ángel Reyes, Alfredo Ábalos, Silvia Zerbini, Juan Saavedra, Hilda Herrera, Ramón Navarro, Carlos Di Fulvio, Elpidio Herrera, Ramón Ayala, Chacho Echenique, etcétera, para quienes habría que inventar una especie de Premio Consagración de Oro. Renuncio al premio Consagración como ofrenda al Cosquín del corazón, por mis compañeros ninguneados, como tributo a la Pacha para que cure este festival y vuelva a ser lo que nunca debió haber dejado de ser, un encuentro de referencia para nuestro pueblo, un escenario que era un honor pisar, y no solamente un negocio.

No quiero dejar de mencionar, como ejemplo de la desconsideración y el maltrato que han sufrido muchos artistas, la afrenta personal que significó que Irina Cazenave y Alfredo Martino (a quienes creía hasta ese momento respetables y respetuosos compañeros), con la ayuda de un patovica, impidieran que el pianista de mi banda, mi hijo Salvador, pudiera tocar conmigo (¡Su padre!) la última vez que fui programado. Jamás olvidaré el daño moral que le ocasionaron a Salvador, su desesperación y su angustia por no poder tocar en el festival para el que se había preparado todo el año. Como no quiero decir "de esta agua no he de beber", quiero agregar que volveré a Cosquín, sí, cuando se haga justicia con todos los artistas de verdad, dándoles el lugar y el tiempo que se merecen, cuando el festival cumpla con el pueblo argentino que confía en que Cosquín es "el escenario mayor" que muestra lo mejor de nuestras artes y nuestros artistas, cuando se trate en el escenario de la misma forma a todos los artistas, sin privilegios para los "ricos y famosos", cuando los presentadores sean nuestros poetas, cuando haya un consejo asesor de idóneos que incida decisivamente en la programación y el desarrollo del festival. Y en lo personal, volveré a Cosquín cuando el Festival me vuelva a brindar el espacio y el tiempo que mi obra, mi trayectoria y mi público se merecen. Y cuando se desagravie públicamente a mi hijo Salvador por la ofensa recibida, siendo un pianista, músico y compositor elogiado, a los 8 años de edad, nada más y nada menos que por Mercedes Sosa, y por el desmemoriado Marcelo Simón, quien cuando lo oyó tocar a los 7 años en la Radio Nacional Folklórica, bajó al estudio para pedir micrófono y decir de Salvador "Estamos ante la presencia de un Mozart argentino", como consta en la grabación en mi poder de aquel programa, aunque después avaló que se le impidiera tocar en el Festival.

Y como quiero que mi decisión sea prenda de paz, manifiesto mi perdón a los que ofendieron a mí y a mi hijo, con la condición de que expresen su arrepentimiento de forma pública y expliquen los motivos de su actitud, ya que a otros menores de edad les permitieron estar en el escenario, aunque no subieran con sus padres. Todos nos equivocamos, reconocerlo es de sabios y valientes. Renuncio a mi personal premio Consagración para compartirlo con todos los artistas que se lo merecen y no lo tienen, para sembrarlo en Cosquín como semilla de un nuevo tiempo, de un nuevo encuentro de las almas, de lo mejor de nosotros, de todos.

Para que el Festival sea siempre Cosquín y nunca Kiosquín, como ya dije en el escenario, momento desde el cual me proscribieron de hecho, tal vez porque algunos eligieron que sea Kiosquín. Si no, hubieran brindado conmigo. El Festival de Cosquín se sostiene por la presencia y la pasión de los que amamos encontrarnos en la magia, en la hermandad, en el sagrado ritual de la Música, de la Poesía, de la Danza, del Arte, del Amor... Queremos que el Festival esté a la altura de ese espíritu.

"Que el escenario sea siempre el altar que nombró Atahualpa. Que los maestros siempre estén y también estén los que avanzan. Artistas con conocimiento y verdades del corazón..." (Fragmento de mi Gato de Cosquín).

Ica Novo

Buenos Aires, 31 de Enero de 2014.

  Nota publicada en la edición de Febrero/Abril de 2014
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